
Derramé la ultima gota de sangre, y gasté la ultima bala para dejar seco el cañón , que nunca jamás quise dejar abandonado, obsequiando al mundo con una sola lágrima, una sola razón para no revolucionar todo aquello que se mueve con la fuerza de la rapidez, de la lejanía, de un rayo de inconsciencia, con la frecuencia de radio que nos ahoga como ácido en arcos del saber.
Y veremos como el destino atrapa en el tiempo una vereda que sobresale de la tierra, que nos da vida, a ella nos vincula como habitantes de ella que somos.

Hemos perdido toda la razón al creer que podemos no hacer nada, y nos hemos aglutinado en una siesa y absurda espiral incapaz de todo por el nada...
Y veremos como nos absorbe con su vórtice, aquel que el hielo rompe para vernos lanzados a través catapultas que nos eleven a lo más infinito del mundo.
Pido solamente una cosa, que nos dejen en paz, y que respeten la espiral, que no ha sido jamás la culpable de el resto de falacias que nos hayan condenado a sufrirla a ella.
Déjenla y no la criminalicen.
Criminalicense ustedes, y véanse al espejo, porque noche tras noche, y tras beso tras verso, en la almohada cada vez que la consulten ,un aliento de muerte mientras esperan a que cambien las cosas, mientras no se vayan de madre
Soñé sobre sacos de tierra caminos que han desatado verdades sobre prados de fuego.
El viento en movimiento me decía que tras consumir la ultima calada, la ultima satisfacción de que todo el mundo se alzaba a sus pies.
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